
Notas Sueltas Mientras Tanto ELECCIONES… OTRA VEZ
(Segunda parte: La derecha — entre la memoria y la incertidumbre)
Por: Nino Matus
La derecha colombiana no es lo que históricamente fue.
Durante décadas representó: orden, autoridad, estabilidad institucional, defensa de tradiciones y una visión del desarrollo apoyada en la iniciativa privada. Sus partidos hasta la constitución del 91, Conservador y Liberal con sus matices, tenían liderazgo, estructura y una idea coherente de país.
Hoy, ese panorama es distinto. No porque la derecha como concepto haya desaparecido, sino porque se ha fragmentado y relativizado sus principios. Lo que antes parecía un bloque ideológico, político y electoral sólido, hoy está disperso, dividido, con debilidades ideológicas y liderazgos múltiples que no siempre coinciden.
La derecha llega a este proceso electoral dividida en dos grandes corrientes, que comparten origen, pero representan caminos separados, con nombres, discursos y apuestas diferentes.
Paloma Valencia representa una derecha dura con trayectoria política, con maquinaria en todo el país y con un buen discurso, preparada, con buena oratoria y capacidad de argumentación, como sus fortalezas. Su reto es mostrarse moderada, ante un electorado que ya no responde igual al lenguaje y las formas del pasado y darle credibilidad a su slogan de ser la primera mujer presidente, sin haber abrazado, nunca, alguna causa de las luchas de la mujer. Su contradicción es su propia trayectoria totalmente opuesta al personaje que busca representar.
En otra línea, Abelardo de la Espriella encarna una derecha extrema, con un discurso radical. Su narrativa conecta con sectores económicamente fuertes que perciben un país sin rumbo y, sus propuestas y puesta en escena, generan entusiasmo, como sus fortalezas. Su reto, demostrar que lo que propone tiene viabilidad institucional y sembrar su discurso en la galería, no solo a la platea. Su contradicción son los interrogantes, no respondidos, sobre la mutación frecuente de sus posturas, ideas, gustos y creencias, desde que es candidato.
Hoy, las aspiraciones de la derecha, parecen moverse más en función de oponerse al gobierno nacional, que en construir una seria y moderna visión de país. Y aunque la oposición es necesaria en toda democracia, no es suficiente. Se requiere algo más que criticar: propuestas.
Por eso ambas expresiones evidencian 2 dificultades de fondo: Primera, construir una propuesta capaz de convocar a un país que cambió más rápido que sus estructuras políticas. Para ello desde un lado se radicaliza al extremo el discurso y se profundiza la polarización y, por el otro se moderan las posiciones, así solo sea una estrategia de campaña. La segunda dificultad es controlar, desde ambos lados, el fuego cruzado que está dejando fracturas profundas en los candidatos, sus promotores y militantes.
En medio de esa división, reaparecen unos actores desgastados y con baja credibilidad, por la desconexión entre los dirigentes con la ciudadanía y la sensación, de que los liderazgos existentes ya no responden a las demandas reales del país sino a sus intereses burocráticos, clientelistas y contractuales: los partidos políticos.
A pesar de estar divididos se les busca, abiertamente o en voz baja, por su estructura territorial, experiencia electoral y relativa capacidad de movilización. Esta relación para Paloma es necesaria en términos de votos y, para Abelardo riesgosa de ser asociado con lo que el país cuestiona y rechaza.
Entender este punto es fundamental. Porque la derecha no está compitiendo solo contra sus adversarios…, también está compitiendo contra su propio pasado.
Pero sería un error leer este momento únicamente desde las contradicciones. La derecha tiene fortalezas importantes: experiencia de gobierno, estructura territorial y discurso basado en la seguridad, el orden institucional, la estabilidad económica y las relaciones internacionales. En un país como Colombia, con su historia, sus tensiones y sus heridas, estos elementos no son menores.
Finalmente, en medio de todo esto, surge una pregunta inevitable: ¿alguna de estas opciones puede ganar la presidencia? La respuesta es: Sí. Pero solo si entienden, que el país de hoy no es el mismo que vio a la nueva derecha consolidarse en el 2002.
De ahí que el futuro de cualquiera de las dos candidaturas, dependerá de la capacidad para leer ese cambio sin renunciar, o maquillar, sus ideas, para que en los 44 días que faltan para la primera vuelta, se aproximen al centro político y no se auto limiten la posibilidad de construir una mayoría que los lleve, durante los próximos 4 años, al Palacio de Nariño.
Al final, más allá de etiquetas, lo que está en juego no es la vigencia de un sector político, porque esta no se mide por lo que fue…, sino por su capacidad de entender e interpretar el momento de la sociedad que aspira a representar.




