Opinión

A PROPÓSITO DEL RETIRO DE JUAN GUILLERMO ZULUAGA DE LA CONTIENDA PRESIDENCIAL

Por: Hugo Velásquez Jaramillo

EL Meta vende hoy los políticos que tiene. En los años 70 y 80 fue diferente. Solo dos llaneros tuvieron talla presidencial: Hernando Durán Dussán y Daniel Arango Jaramillo, de quienes se podía disentir sin desconocer su nivel académico e intelectual; grandes oradores y ministros de altas calidades que se forjaron en la brega política por méritos, es decir sin la ostentación económica y burocrática de hoy; sin alianzas de dudosa reputación y a los que solo se les increpaba con discrepancia y el debate.

Confronté a Durán Dussán porque fui jefe galanista y tuve el honor, si puede llamarse tal, que me felicitó por un discurso en su contra que el oyó. A Daniel Arango Jaramillo, lo conocí de cerca, porque siendo el ministro de Educación yo era dirigente del magisterio y varias veces nos vimos en su despacho; antes había sido un gran gobernador y parlamentario, cuyas intervenciones resonaban en el capitolio. Hombres sin tacha cuando la clase política se respetaba.

JGZ, es hábil manzanillo; fue mi alumno cuando ya llevaba largo recorrido; al lado de Betty Camacho llegó al Concejo de Villavicencio, luego estuvo al lado de Edilberto Castro y Luis Carlos Torres; su eslogan “sin miedo” no deja ver ningún estadista sino más bien la de un celador o cuidador de bienes y con tal cuento llegó a la alcaldía y a la gobernación sin resultados tales como para pensar en gestiones de grandeza. Ministro de Agricultura porque hubo escases de candidatos, nadie talentoso quería ser ministro por cinco meses.

La presidencia de JGZ fue un cuento que ni el se lo creía, solo contaba con los activos de su generosa financiación a la campaña de Fico creyendo que el alcalde de Medellín le iba a retribuir ese apoyo ungiéndolo candidato, “ni bobo que fuera Fico”, me dijo un concejal de esa ciudad, hablando de las vallas de “Juan Sin Miedo” que se veían por la capital paisa.

Para que el Meta pueda pensar en la posibilidad de que alguno de sus hijos sea presidente hay que reinventar la forma de hacer política; será necesario que gentes capaces que tenemos, pero están al margen del tráfago electoral se decidan a ayudar a la decaída clase dirigente; las universidades locales deben dejar de fabricar doctores y formar una verdadera clase dirigente.

Mientras la política dependa de maquinarias oficiales a la que concurren carteles de contratistas tenderemos gobernantes inspirados en esas maquinarias y también concejales y diputados que saben como arreglar con el gobernador (a) o con el alcalde; la dialéctica política, hoy se llama “contratos”; la intelectualidad y la formación desapareció de las corporaciones públicas y la declinación del control político nos deja la corrupción y todo este complejo puede servir para que se reciclen los de siempre pero nunca para que el ejercicio político del Meta genere liderazgos capaces de tener protagonismo nacional.

Las alcaldías de Bogotá y Medellín; el Senado de la República, fueron el lanzamiento a los escenarios nacionales de muchos de los actuales protagonistas de la política de Colombia; de los palacios del gobierno del Meta, o de su asamblea y concejos podrá salir otro JGZ pero no un líder de trascendencia nacional.

El Congreso de la República, lugar en que incubaron su prestigio Durán Dussán Y Daniel Arango Jaramillo no puede seguir en la línea actual del servilismo; cero debates, indiferencia por los trámites legislativos y solo la actitud del intercambiar el voto por algunas cuotas, terminó siendo el fin remoto de la decadencia política del Meta.

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