
SOBRE LOS NIÑOS EN LA GUERRA
Por: Hugo Velásquez Jaramillo
Colombia y sus estamentos, en especial militares y políticos, se enfrascan hoy en una discusión que terminará en debate de censura contra el ministro de la defensa; por la muerte de niños en los bombardeos contra las guerrillas en todas sus facciones.
En la controversia hay más interés de figuración que preocupación; más revancha que reflexión. Los que en el anterior gobierno dieron al traste con un ministro por iguales motivos, argumentando crimen contra esos niños combatientes, son los que desde la misma trinchera ideológica tienen que salir a defender un bombardeo similar y con idénticos resultados: niños muertos en combate, en medio de una guerra que no debería existir, protagonizada (porque es protagonismo irracional) por supuestos subversivos sin vocación política, contra un gobierno presidido por quien fue también subversivo y posa como hombre de izquierda.
Leyendo la obra del más grande teórico de la guerra en todos los tiempos Carl Clausewitz, veo que es diferente un campamento de un cuartel, en el primero se ubican los hombres en posición de combate dispuestos a atacar y con el riesgo de ser atacados y el autor recomienda cautela pero rapidez, y si bien la obra se escribió antes de las armas aéreas de nuestros tiempos, se sigue estudiando en las escuelas militares, inspiró inclusive a Lenin, Mao y al propio Che Guevara, tiene que estudiarse en el día de hoy.
Imaginemos el absurdo: antes de entrar en combate, si uno de los bandos pudiera indagar previamente sobre los otros contendientes a enfrentar, como por ejemplo solicitar, el registro civil para establecer la edad de los combatientes a enfrentar; si pudiera lograrse una tregua para hacer esa verificación. La guerra es tan absurda, sobre todo las guerras internas que por esa irracionalidad se han cometido los más horripilantes crímenes en nombre de Marx, hasta de Cristo, y en nombre de la revolución. Las guerrillas de hoy son la suma total de la barbarie, la hacen y la imponen a todo un país sin importar los niños que se lleven por delante.
El verdadero debate debe ser contra los grupos armados que incurren si en la violación del DIH; los niños en la guerra no tienen idea de revolución pues la ignorancia política de sus comandantes, que es innegable, explica la desideologización de unas guerrillas que no tienen viabilidad de tomarse el poder. Nuestro sistema educativo debería volver por la enseñanza de la cívica y de las instituciones políticas (yo las enseñe cuando fui maestro) y la juventud aprendió de política; volver a la enseñanza de la historia es retomar el camino a la cultura democrática.
Los que ayer denunciaban la muerte de niños en bombardeos y hoy con razón justifican con explicaciones su respuesta a los que hoy hacen el mismo debate, deberían mejor debatir como salimos del embrollo de un conflicto absolutamente inhumano.



