
Notas Sueltas Mientras Tanto, LA NOCHE QUE CAMBIO LA HISTORIA
“Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad”. 24 de diciembre. Desde hace 17 siglos, esta celebración trasciende fronteras y creencias, uniendo a la humanidad en torno al nacimiento de Jesús, símbolo de esperanza y amor.
La historia nos lleva al siglo I, a un pesebre en el poblado de Belén de Judá, en donde en un establo humilde, rodeado de pastores y ángeles, nació Jesús de Nazaret (Lucas 2:4-15). El Niño Dios que cambiaría el curso de la historia de la humanidad.
Jesús nació «en los días finales de Herodes el Grande» (Mateo 2:1), por lo que se ubica su nacimiento entre el año 5 y el 4 a.C., pero no hay evidencia histórica sobre el día exacto, a pesar de que la Iglesia Católica ha celebrado el 25 de diciembre como fecha de su nacimiento desde el siglo IV.
La celebración comenzó en el año 350 d.C., cuando el Papa Julio I, con el Emperador Constantino, convertido al cristianismo, fijó el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre con el objetivo de cristianizar la muy popular fiesta pagana del Imperio Romano, “Sol Invictus”, en el final del solsticio de invierno. Pero fue en el año 354 d.C. cuando el Papa Liberio formalizó la fecha, que sirvió para facilitar la conversión de paganos al catolicismo, transformando la celebración en un símbolo de la luz de Cristo en el mundo (Juan 1:5).
Este ciclo incluye el Adviento (4 domingos antes de preparación), la Navidad (25 de diciembre, nacimiento de Jesús) y la Epifanía (6 de enero), que cierra el ciclo navideño con la llegada de los reyes del oriente, Melchor, Gaspar y Baltasar a Belén para adorar a Jesús, guiados por una estrella (Mateo 2:1-12).
En el Siglo XIII, San Francisco de Asís, símbolo de la humildad, creó el primer Pesebre para recrear el nacimiento de Jesús según la narración bíblica de Lucas 2:1-20, tradición que de inmediato se extendió por todo el mundo católico hasta nuestros días, con el significado de dignidad en medio de las dificultades y amor por encima de toda adversidad.
Durante la Edad Media, la Navidad se convirtió en una celebración importante en Europa, con misas, procesiones y fiestas. La Reforma Protestante en el siglo XVI intentó eliminarla, pero no tuvo éxito. En 1848, siglo XIX, la Navidad se popularizó en Inglaterra gracias a la reina Victoria y a su esposo el príncipe Alberto.
La celebración llego a América con los colonizadores Europeos en el siglo XV: españoles y portugueses en Latino América e ingleses en Norte América más los inmigrantes alemanes en el siglo XIX.
Es tal el arraigo que en 1914, durante la Primera Guerra Mundial, en el frente occidental (Francia y Bélgica), soldados ingleses, franceses y alemanes hicieron una tregua para celebrar la Navidad, abrazándose entre ellos, entregándose regalos, compartiendo la comida y cantando villancicos.
Desde 1785 se empezó a construir la narrativa navideña, desde el pesebre y las novenas, hasta la versión moderna con la iconografía navideña que se consolidó en el siglo XIX, especialmente con el cuento-poema, Una visita de San Nicolás (1823), de Clement Clarke Moore. Inspirado en San Nicolás, un obispo generoso del siglo IV, surgió la imagen de Santa Claus/Papá Noel: vestido de rojo, con un trineo tirado por renos, repartiendo juguetes y riendo con su sonoro “¡Ho, Ho, Ho!”.
De manera que el carácter universal de la Navidad radica en que ha unido y fusionado costumbres del Oriente con culturas y tradiciones de Occidente como las anglosajona, germánica, nórdica, mediterránea, ibérica, latino y norte americana y eslava.
Hoy en día, se celebra en todo el mundo, con tradiciones y costumbres únicas en cada país. Todo lo que el nacimiento de Jesús ha llegado a representar desde hace más de 2 milenios se manifiesta en estos días que son de alegría, porque el espíritu del Niño Dios es de risas y sueños…; que son de unidad, porque simbolizan a la familia…; que son de prosperidad porque representan la esperanza… y que son de paz, porque se expresan desde el amor y vive en cada acto de bondad, en cada sonrisa compartida y en cada abrazo que damos.
En unión de mis hijos Valentina y Juan Martín “el capitán”, deseo una feliz Navidad para todos.
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Muchas gracias a quienes han tenido la paciencia y la bondad de leer mis Notas Sueltas. Nos reencontramos en el 2026.


