Opinión

LA AUSENCIA DEL META EN EL SENADO

Por: Hugo Velásquez Jaramillo

De inicio es indiscutible que el Senado es nacional, lo que deja sin piso cualquier argumento meramente regional; el constituyente diseñó esta circunscripción pensando en función de un país que necesita líderes con trascendencia, que lleven en la cabeza la noción de Colombia y no una visión parroquial. Un Senador debe tener conocimientos y experiencia, militar siempre en el mismo partido para lograr reconocimiento en el mismo; el transfuguismo constante no identifica ningún arraigo ideológico, la militancia es la primera escuela.

El aspirante al Senado debe formarse desde los cargos públicos y dejar en su ejercicio imagen de buen funcionario para no tener que cargar con el señalamiento público recriminatorio; si transitó por la Asamblea o el Concejo municipal, destacarse como orador, como persona de debate y controversia porque ahí se adquiere la destreza para intervenir en un escenario de más de un centenar de parlamentarios; es decir, quien no habla entre 11 no puede hacerlo en un escenario más grande.

Debe ir adquiriendo reconocimiento nacional que se consigue con la militancia en el mismo partido y por otros medios como columnista de opinión, por ejemplo, y no suplir deficiencias contando solo con las maquinarias o el dinero.

Cuando el Meta accedió al poder fue por la competencia reducida, un solo candidato con el respaldo de grandes maquinarias como el caso de Alejandro Vega, que sin experiencia previa en la Asamblea o un Concejo Municipal, llegó como muchos a deambular por los salones del Congreso y el único reconocimiento era el de su voto a favor del gobierno.

Los otros aspirantes nunca descollaron en sus pasos por la Asamblea o por el Concejo Municipal, depusieron el control político y renunciaron al debate en aras de diversos reconocimientos por parte de los gobernantes; habían transitado por diversos partidos lo que les dejaba sin apoyo partidista y debieron reemplazar esa carencia acudiendo a pregoneros y medios pagos; el surgimiento de varios aspirantes al Senado dispersó los votos disponibles y en un departamento de bajo voto de opinión tuvieron que entrar a competir respaldados en maquinarias o en millonarios recursos con lo cual profundizaron la corrupción política.

La sobreoferta de candidatos aunado a su desprestigio los obligó a buscar votos en otras ciudades, votos que tenían un alto costo dado que no eran apoyos de opinión y desde luego los candidatos locales son desconocidos a nivel nacional, de Servitá para arriba nadie los conocía y por consiguiente por fuera no conseguían votos, así alguno de ellos siempre argumentaba algo así como sentirse el perrito faldero de una gobernadora de otro departamento.

Los votos que se fueron para otros candidatos son votos de partido, votos de opinión y desde luego muchos de ellos votos que implicaron grandes sumas de dinero a diputados y concejales, esta última la práctica que recicla una vez más la corrupción y mediocridad de nuestra clase política.

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