En Colombia, la
diversidad de los pueblos indígenas también se expresa en la riqueza de
conocimientos que han construido y transmitido durante generaciones sobre los
territorios que habitan. Prácticas relacionadas con el cultivo de alimentos, la
conservación de semillas, el manejo del agua y el aprovechamiento sostenible de
los recursos naturales hacen parte de estos saberes y mantienen una relación
directa con la conservación de la biodiversidad y el fortalecimiento de los
sistemas alimentarios en el país.
En el marco del Mes
Internacional de las Poblaciones Indígenas, reconocer estos conocimientos
implica entender que no son únicamente parte del patrimonio cultural del país,
sino también una fuente de conocimiento vigente para responder a desafíos como
la variabilidad climática, la escasez de agua, la degradación de los suelos y
la necesidad de fortalecer la producción de alimentos. Su vínculo con los
ciclos naturales, las especies, las semillas y las condiciones de cada
territorio puede aportar a la construcción de modelos de desarrollo rural más
sostenibles y culturalmente pertinentes.
Esta relación entre
saberes, territorio y alimentación se refleja en los procesos que Fundación
Alpina acompaña junto a comunidades indígenas en distintas regiones del país,
donde las prácticas propias dialogan con herramientas técnicas para responder a
las condiciones de cada territorio. En los últimos tres años, este trabajo se
ha concentrado especialmente en La Guajira y Vichada, con proyectos e
iniciativas de seguridad alimentaria, gestión del agua, producción sostenible y
conservación.
En La Guajira,
el trabajo desarrollado comprende 25 proyectos en cinco municipios, junto a
27 aliados, con 7.813 participantes. En este contexto, en la Alta
Guajira, comunidades Wayuu de Uribia y Manaure han participado en
procesos de seguridad alimentaria, gestión del agua y fortalecimiento
productivo que han involucrado aproximadamente 80 comunidades y 2.500
familias. En una región donde la escasez hídrica limita la producción de
alimentos, se han implementado pozos profundos, sistemas fotovoltaicos y riego
eficiente para fortalecer huertas comunitarias.
En Vichada, el
trabajo con comunidades de los pueblos Sikuani, Amorúa y Sáliva fortalece
conucos, patios productivos, cultivos de marañón y sistemas de acceso al agua.
Alrededor de 30 familias participan en el establecimiento y fortalecimiento
de cultivos de marañón y cerca de 18 familias en procesos de seguridad
alimentaria mediante conucos sostenibles. Estos sistemas, además de
producir alimentos, contribuyen a conservar la agrobiodiversidad y transmitir
conocimientos entre generaciones.
“Acompañar a las comunidades
indígenas parte de reconocer y valorar el conocimiento que han construido
durante generaciones sobre sus territorios. Desde ahí, buscamos trabajar junto
a ellas, aportando herramientas que fortalezcan sus propias prácticas y
respetando siempre sus formas de vida, su cultura y sus decisiones”, destaca
Elver García, Coordinador Técnico Nacional de Fundación Alpina.
Estas experiencias
muestran que conservar la biodiversidad y fortalecer la seguridad alimentaria
también implica reconocer el conocimiento de quienes han habitado y comprendido
estos territorios durante generaciones. Sus prácticas sobre el manejo de
semillas, cultivos, agua y ecosistemas representan un conocimiento vivo que
continúa adaptándose a las condiciones de cada territorio.
En el Mes Internacional de las Poblaciones
Indígenas, poner en valor estos conocimientos también significa reconocer
su aporte frente a desafíos como la escasez de agua, la variabilidad climática
y la seguridad alimentaria. Fortalecer estas prácticas contribuye a que las
comunidades continúen gestionando sus territorios y construyendo alternativas
sostenibles desde sus propias realidades.
