Un arma de doble filo: La bendita ignorancia fiscal

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Por: José Antonio Pérez Casiano


Hoy por hoy, la política electoral ha perfeccionado una máxima brillante: el desconocimiento absoluto de las finanzas públicas no es un defecto, es un requisito de campaña. Quienes aspiran a la Presidencia, a una Gobernación o a una Alcaldía han descubierto que la analfabetización fiscal del electorado es el mejor combustible para ganar votos.


En campaña, el populismo financiero es facilísimo. Ante cada reclamo o necesidad en una reunión comunitaria, la respuesta del candidato siempre es un cómodo y entusiasta «¡Sí se puede!». Total, nadie en el público comete el "mal gusto" de hacer la única pregunta relevante: ¿De qué rubro, tributo o fuente de financiamiento van a salir los recursos para financiar semejantes maravillas?


Veamos cómo funciona esta física cuántica de las promesas de gobierno:

1. El arte del mármol y la ilusión fiscal

Santos y Duque nos regalaron un clásico del teatro político: prometer, casi grabado en piedra de mármol, que jamás habría una reforma tributaria para subir impuestos. Nos dijeron exactamente lo que el oído popular quería escuchar. ¿El resultado técnico? Cero rigor fiscal, incumplimiento total de la promesa y, eso sí, la banda presidencial puesta. La matemática electoral le ganó a la contabilidad nacional.


2. El “Príncipe" generoso

Luego vino Petro. En un derroche de creatividad lejos de cualquier práctica económica saludable o restricción presupuestal real, prometió trenes elevados, subsidios de 500 mil pesos para todos los abuelos, 100 universidades e inventar la "Paz Total" en 90 días y a cualquier costo, entre otros muchos más ofrecimientos. 


Al chocar con la realidad del poder, la solución técnica fue el manual del descalabro: disparar el gasto público desmedido, nombrar ordenadores de gasto sin la más mínima idoneidad técnica (algunos hasta sin títulos o experiencia en lo público), incrementar drásticamente la gasolina, sobreendeudar al país a tasas de interés altísimas y ensanchar el déficit fiscal. Aplica aquí con gran precisión la generosidad del Príncipe de Maquiavelo: ser extraordinariamente amplio y caritativo, pero con el dinero ajeno. El resultado: un estrés financiero, económico y social sin precedentes recientes en Colombia.


3. "El Tigre", la paradoja del Presupuesto y el choque de realidad

"El Tigre" juró en campaña no lesionar el bolsillo del pueblo con más tributos. Sin embargo, al asumir el mando y chocar de frente con la caja real del Estado, ocurrió el primer misterio de la hacienda pública: inflar el Monto del Presupuesto General de la Nación. Técnicamente, es un absurdo inflar apropiaciones presupuestales para luego tener que hacer recortes o aplazamientos por falta de recaudo efectivo... y yo decía; a menos que haya una jugada de fondo para equilibrar el presupuesto la estrategia es buena. Pero,  con la presentación de la "Ley Rescate", el rompecabezas al fin cuadró. Todo cobra sentido cuando se entiende la verdadera naturaleza de "el arma de doble filo": el desconocimiento (o la negación) de la realidad fiscal del país.


4. El FMI no lee poesía política

Aquí entra el verdadero adulto en la habitación: el Fondo Monetario Internacional. El FMI no entiende de discursos ni de banderas políticas; exige orden macroeconómico, disciplina en el gasto y garantías reales de capacidad de pago de la deuda pública. Es el apretón fiscal impuesto desde afuera el que enderezará el caos financiero que dejó la administración anterior —quien, por cierto, si no entregó el país al crimen, al narcotráfico y a la minería ilegal en su afán de "paz", fue por pura incapacidad ejecutiva, no por rigor fiscal.


La medicina amarga del FMI no tiene pérdida: o se impone la austeridad y la disciplina para refinanciar la deuda a menores tasas y estabilizar la economía en el mediano plazo, o el barco se hunde.


Conclusión:

En resumen, el electorado comete el error sistemático de jamás exigirle al candidato el único requisito técnico indispensable: dominio y conocimiento de las finanzas públicas.

Por eso las promesas de campaña siempre terminan en el aire. En la política real existen tres tipos de candidatos:

1. El que miente con absoluta seguridad para convencer.

2. El que promete por ignorancia técnica de la caja fiscal.

3. El que realmente conoce la realidad financiera del Estado... y que por decir la verdad, jamás será elegido

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