
Notas Sueltas Mientras Tanto ELECCIONES… OTRA VEZ
(Primera parte: De la confrontación a la decisión)
Por: Nino Matus
Colombia vuelve a estar frente a una elección presidencial. Pero no es el mismo país. Hace cuatro años escribíamos en medio de un ambiente caldeado, tratando de entender nuestras diferencias: la historia, los partidos, la derecha, la izquierda, el centro. Intentábamos explicar el país.
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Hoy algo cambió.
No desaparecieron las ideas, como muchos temían, pero sí se deformaron. Se simplificaron hasta volverse consignas. Se endurecieron hasta volverse trincheras. Lo que hace cuatro años era una diferencia política hoy es una ruptura personal. En este 2026, en medio de esa fractura, regresamos al mismo punto: elegir un presidente.
Pero esta vez hay un matiz distinto: ya no es la expectativa del cambio… es el juicio sobre lo que el cambio produjo. La izquierda, hoy en el poder, dejó de ser promesa para convertirse en gobierno. Y como todo gobierno, ya no se mide por lo que propone, sino por lo que logra… o por lo que no logra.
La derecha, por su parte, ya no es un bloque sólido. Se fragmentó, se dispersó, perdió su centro de gravedad y, en muchos casos, su capacidad de interpretar a un país que también cambió.
Por su parte el centro… ese espacio que históricamente ha intentado equilibrar, hoy parece diluirse entre dos fuerzas que lo presionan, lo reclaman o lo ignoran.
Y en medio de todo esto, hay un hecho que no podemos desconocer: el progresivo declive de los partidos políticos tradicionales y de los satélites surgidos con la constitución del 91.
Aquellas estructuras que durante décadas organizaron el pensamiento, canalizaron las ideas y dieron identidad a millones de ciudadanos, hoy parecen descompuestas. Perdieron cohesión, relato, vocación de poder y credibilidad. Ya no orientan el voto… lo persiguen para asegurar una supervivencia burocrática.
En su lugar, la política se ha ido concentrando en figuras. En nombres propios. En liderazgos que ya no representan corrientes ideológicas amplias, sino intereses individuales de poder.
Y así, esta elección, que debería ser una confrontación de ideas, de propuestas y de visiones, se ha reducido a la polarización del enfrentamiento entre dos figuras que han marcado el rumbo político de los últimos 20 años: el presidente Gustavo Petro y el expresidente Álvaro Uribe.
Ese eje, que en algunos momentos representó perspectivas distintas del país, hoy parece haber derivado en algo más personal que político…, más emocional que racional…, más de confrontación que de construcción.
Lo anterior, que no es un fenómeno nuevo en el mundo, en Colombia tiene una particularidad: ocurre en una sociedad históricamente herida. Por eso aquí la polarización es emocional, es visceral…, es personal.
Ahí radica el verdadero riesgo. Porque cuando la política deja de ser un espacio de debate para convertirse en un escenario de confrontación, las ideas se simplifican y el país queda atrapado en una discusión que no responde a lo que realmente necesita, porque el adversario deja de ser contradictor… y empieza a ser visto como enemigo.
Y un país de enemigos es un país inviable.
Hace cuatro años hablábamos del voto consciente frente al voto emocional. Hoy esa frontera parece más difusa que nunca. Las redes amplifican la indignación, las mentiras se vuelven costumbre los discursos simplifican la realidad y las pasiones terminan reemplazando a los argumentos.
Pero elegir al Presidente de la República, no es escoger al que represente nuestras rabias, sino al que mejor pueda conducir un país complejo, diverso y lleno de contradicciones. Un país que no necesita más razones para dividirse… sino más capacidades para entenderse.
Tal vez por eso, más allá de etiquetas, orillas y discursos, la verdadera pregunta es: ¿Quién puede gobernar para todos? ¿Quién puede reconocer que el país no cabe en una sola visión? ¿Quién puede entender que la diferencia no es una amenaza, sino una condición de la democracia?
Porque al final, como ya lo hemos repetido, esto no es un pulso entre derecha, izquierda o centro. Es algo más complejo: Es la posibilidad de seguir siendo una democracia. Y esta, a diferencia de cualquier campaña, no admite derrotas.
En los próximos días intentaré, con respeto y sentido crítico, mirar las tres grandes orillas que hoy configuran el escenario político del país: la derecha, la izquierda y el centro. No desde la caricatura, sino desde sus realidades: sus candidatos, propuestas, fortalezas, contradicciones y riesgos; lo que se dice, lo que se promete… y lo que realmente se puede hacer.
Como cada orilla representa una forma distinta de entender el país y una manera distinta de gobernarlo, estas Notas Sueltas Mientras Tanto no buscaran decirle a nadie por quién votar. Por tanto, esta serie que hoy inicio, no será una invitación a coincidir….., sino una invitación a pensar.



