Por: Rubén Dario Lizarralde M.
La Orinoquía es la gran reserva de Colombia. Hay muchos empresarios visionarios importantes trabajando en la Orinoquía; Gabriel Jaramillo es uno de ellos, y Luis Carlos Sarmiento es otro. Fedesarrollo, por ejemplo, ha realizado un estudio sumamente importante y riguroso sobre la región.
Pero debemos dar un paso adelante: debemos empezar a mostrar resultados, y ahí surge una gran posibilidad, la sustitución de cultivos ilícitos. Colombia no tendrá paz si no hay sustitución de cultivos ilícitos.
Tierra hay en muchas partes del país; de hecho, tenemos cerca de 33 millones de hectáreas donde no estamos haciendo nada y que podríamos trabajar agrícolamente. De esas, 14 millones de hectáreas están en la Orinoquía, sin ningún uso actualmente. Si trabajáramos 2.400.000 de esas hectáreas, podríamos sustituir las 320.000 hectáreas de coca que existen hoy. ¿Por qué? Porque ya hemos hecho el estudio y ya hemos trabajado en esto: por cada hectárea de coca, siete hectáreas de palma le generarán al campesino un poco más de los ingresos que hoy obtiene, sembrando coca.
Además, este será un verdadero modelo para propiciar una auténtica reforma agraria productiva, en la que los campesinos paguen la tierra y paguen el cultivo. Al convertirse en propietarios, estaremos generando una verdadera revolución en el campo. El proyecto piloto fue exitoso y lo establecimos en el Magdalena Medio. Asimismo, con la sustitución de cultivos ilícitos, los campesinos que tengan coca sembrada en tierra ajena tendrán la oportunidad de acceder a tierra propia, y aquellos que tengan coca en tierra propia negociarán esa tierra, de modo que se conviertan en propietarios tanto de la tierra como del cultivo dentro de una gran empresa.
Contamos con el mercado que comprará toda la producción de palma de estas más de 2.400.000 hectáreas. Ese aceite crudo se convertirá en biodiésel, y ese biodiésel se transformará, a su vez, en SAF, el combustible sostenible para aviación.
El gobierno del presidente Abelardo de la Espriella tiene la gran oportunidad no solo de acabar con la coca de manera productiva y proactiva, sino también de generar una revolución agraria y de acabar con la pobreza extrema.
Tenemos con qué. Pensemos en grande: tenemos el mercado, tenemos la tierra, tenemos la semilla, tenemos la mano de obra, tenemos posibilidades enormes. Aprovechémoslas.
Siento que el presidente Abelardo de la Espriella tiene la energía, la decisión y las ganas para hacer cosas importantes en este país. Y es muy difícil emprender algo en el sector agroindustrial si no se tiene el mercado asegurado; aquí lo tenemos. Vamos para adelante: vamos a sustituir los cultivos ilícitos, vamos a acabar con la guerra, vamos a tener paz, y esa paz nos dará el espacio para la nueva Colombia.
¡Seguro que lo haremos!
Rubén Dario Lizarralde M.
