
Notas Sueltas Mientras Tanto ¡LA CRUZ NO GRITA… COLOMBIA SÍ!
Por: Nino Matus
Colombia parece ya no escuchar…….. Y llega otra Semana Santa en medio del ruido.
No un ruido cualquiera. Es un murmullo que se volvió costumbre: la descalificación inmediata, la sospecha automática, la mentira afirmada con seguridad, la palabra usada como arma y no como puente. Somos un país que discute más de lo que escucha y que reacciona más de lo que piensa.
Y, sin embargo, la Semana Santa vuelve, como cada año, en silencio para que Colombia enfrente un desafío: escuchar más allá del ruido que nos rodea.
Esta conmemoración, que recuerda la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, desde los primeros siglos del cristianismo, ha atravesado imperios, guerras, lenguas y continentes. Llegó a América con la fe y con la espada, en el mal llamado descubrimiento. Se mezcló con culturas aborígenes ancestrales, adoptó acentos propios y terminó siendo, más que una tradición religiosa, una forma de entender el dolor, el perdón y la esperanza.
Pero si algo ha hecho perdurar esta historia no es su cronología, sino sus escenas:
- Un hombre que habla de los humildes como herederos del mundo.
- Una multitud que escucha en la montaña un sermón cuyas palabras aún incomodan, como las del Evangelio de San Mateo. Un amigo que niega.
- Otro que traiciona.
- Un juicio apresurado.
- Un pueblo Judío que condena.
- Una cruz levantada en medio del miedo.
Y, en el centro, una idea que desafía cualquier lógica: el perdón.
Tal vez por eso la cruz dejó de ser solo un símbolo religioso para convertirse en un lenguaje universal, presente, de distintas formas, en la filosofía, la historia, la literatura, la música, el cine, las artes plásticas y en todo el relacionamiento social, que son las maneras como la humanidad ha intentado explicarse, a sí misma, la relación entre el sufrimiento, el dolor y la esperanza.
¿Por qué volver siempre a la cruz? Porque en ella hay algo que aún no hemos terminado de entender y es que no es un símbolo de derrota. Tampoco de resignación. Es una intersección. El punto donde el dolor humano se convierte en posibilidad: Sin algún tipo de reconciliación, el dolor se transforma en rencor. Y, si no perdonamos, el rencor, tarde o temprano, termina organizándonos la vida.
Es exactamente ahí, donde esta Semana Santa deja de ser costumbre y se vuelve un acto de fe. Porque en la Colombia de nuestros días, en donde tanto hablamos, parece que olvidáramos algo esencial: un país no se puede construir desde la rabia, porque no todo se resuelve creyendo tener la razón; no todo adversario es un enemigo, no toda diferencia debe terminar en ruptura.
La cruz de Cristo, leída fuera del ritual, propone algo radical: contener la respuesta inmediata, suspender el juicio fácil y reconocer la fragilidad propia antes de señalar la ajena. Y esto, no es un mensaje cómodo. Más aun en tiempos de campaña electoral, cuando todo invita a atacar, dividir, simplificar y sucumbir ante la tentación de convertir al otro en caricatura y reemplazar las ideas por emociones rápidas.
.Por eso la vigencia de la prédica de Jesús en la montaña:
“Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos”, no es solo una regla moral, sino una norma de supervivencia.
Esta afirmación nos debe llevar a que esta Semana Santa sea más que vacaciones y nos permita intentar una oportunidad para desarmar, aunque sea un poco, el lenguaje y el espíritu. Bajar el tono. Escuchar mejor. Pensar antes de responder.
Hablar desde la verdad y entender que ningún país resiste indefinidamente el peso del odio.
Por todo lo anterior, mis anotaciones no son un llamado a la ingenuidad, sino a la sabiduría de reconocer que el otro también tiene razones…, miedos…., sueños y esperanzas.
Por tanto, es un recordatorio de que, en medio de tanto ruido, la cruz sigue diciéndonos algo esencial: que el amor puede habitar en el dolor… y que el perdón sigue siendo posible.
¡Feliz y reflexiva Semana Santa!



