Villavicencio fue sede hoy de un momento clave dentro de la Semana de la
Orinoquía Verde y Sostenible: el panel conversatorio “Gobernanza regional: una
visión compartida para una región sostenible, resiliente y competitiva”, un
espacio pensado para poner sobre la mesa los grandes retos y oportunidades de
la región, desde el ordenamiento del territorio hasta la competitividad, la
infraestructura y la conservación de los ecosistemas, con una meta clara:
consolidar a la Orinoquía como una pieza estratégica para el futuro del país.
Cormacarena estuvo presente en la conversación a través del arquitecto
Wilson López Bogotá, subdirector de Planeación y Ordenamiento Ambiental de la
entidad, quien llevó al panel una idea que atraviesa buena parte del trabajo
que hoy realiza la Corporación: pensar el territorio a partir del agua y no al
revés.
“A la Orinoquía no le faltan planes. Le falta decidir a escala de cuenca
y que los entes territoriales reporten lo que ejecutan”, afirmó López Bogotá.
Con esta frase resumió uno de los puntos centrales de su intervención: las
decisiones sobre qué se produce, qué se conserva y dónde se construye no
deberían seguir tomándose departamento por departamento, porque las cuencas,
los corredores ecológicos y los sistemas productivos no reconocen esos límites
administrativos.
Desde ahí, el funcionario planteó tres acuerdos que, según dijo, la
región ya no puede seguir posponiendo. El primero tiene que ver con activar una
verdadera hidro política regional, apoyada en instancias que ya existen en la
norma, pero que hoy están prácticamente en desuso, como el Consejo Ambiental
Regional de la Macrocuenca del Orinoco y la Comisión Conjunta entre autoridades
ambientales, contempladas en el Decreto 1076 de 2015.
El segundo apunta a un ordenamiento productivo y de conservación
construido en torno al agua, aprovechando el Plan de Ordenamiento Departamental
del Meta, que se está formulando con horizonte al 2050, para que sea la oferta
hídrica, y no solo la vocación del suelo, la que determine dónde producir,
conservar o restaurar.
El tercero es la protección concertada de ecosistemas estratégicos,
empezando por los morichales, que en la sabana cumplen una función similar a la
de los páramos en la cordillera, pero que, en su mayoría, siguen sin figuras de
protección ni ronda hídrica delimitada.
López Bogotá también recordó que Cormacarena, junto con Corporinoquia,
ejerce la Secretaría Técnica del Nodo Regional de Cambio Climático de la
Orinoquía y que ambas corporaciones son las únicas autoridades ambientales de
los cuatro departamentos que componen la región. Por eso, dijo, la coordinación
regional termina pasando, necesariamente, por ellas.
El conversatorio fue moderado por Javier Rodríguez, de Planeación y
Desarrollo Sostenible de los Llanos, y contó también con las voces de Rafael
Hernández, gerente general de Fedearroz, y Juan David Londoño Arango, representante
a la Cámara por el Vichada.
Para la Corporación, este tipo de espacios tienen un valor que va más
allá de lo técnico: son la oportunidad de sentar en una misma mesa al sector
ambiental, al productivo, a la academia y a la política, para construir juntos
una visión de región donde la sostenibilidad y la competitividad no compitan
entre sí, sino que caminen en la misma dirección.
